por Joe Canta Jr.

Ese hombre que ven frente a Deontay Wilder no es un entrenador del montón, ni mucho menos fanático de ocasión. Su nombre es Mark Anthony Breland, y no sólo ha sido uno de los mejores boxeadores amateurs de la historia, si no que como profesional ostentó la faja mundial de Peso Wélter, habiéndose retirado en 1997 tras una carrera de 12 años en la que acumuló récord de 37-3-1, 25 KOs. Antes fue clasificado como «El Mejor Peso Welter Amateur del Mundo», ganó cinco veces el Campeonato del New York Golden Gloves y formó parte del «Escuadrón del Pánico» del Team USA que conquistó cinco medallas de oro en los Juegos Olímpicos Los Angeles 1984. Algunos de sus compañeros de equipo fueron nada más y nada menos que Evander Holyfield, Pernell Whitaker, Meldrick Taylor y Tyrell Biggs, todos entrenados por Lou Duva y promovidos por Main Events. Digo esto para conocimiento de los compañeros de la página que no tuvieron el privilegio de verlo. Breland era un peleador que boxeaba, se fajaba y pegaba durísimo, por si acaso! Hace un par de años ha estado colaborando en la preparación y en la esquina de quien hasta el pasado sábado fue el campeón mundial Pesado del Consejo Mundial de Boxeo, Deontay «The Bronze Bomber» Wilder.

En un gesto valiente, encomiable, humano y de hombre, Mark Breland, al arrojar la toalla sobre el ring de MGM Grand Hotel & Casino de Las Vegas, fue el responsable directo de que el referee Kenny Bayless se viese moralmente obligado a detener el combate en el que Deontay Wilder recibió la paliza de su vida. Digo moralmente por que esa masacre debió haber sido minimizada parando ese combate un par de asaltos antes. Wilder fue vapuleado y golpeado a mansalva por Tyson Fury, apodado «El Rey Gitano», aunque no le vendría mal «El Rey del Boxeo».

Tan pronto Bayless, canceló el desigual combate, Wilder, sangrando profusamente de la boca y el oído izquierdo, increpó a Breland por haber tirado la toalla; «¿Por qué hiciste eso»?, le dijo. Breland, humilde y fino, le contestó al oído.

Yo me atrevería haber jurado que tan pronto Wilder estuviese listo para enfrentar a la prensa, una de sus primeras declaraciones iría destinada a AGRADECER a Mark Breland por haber solicitado la detención del choque. Pero para mi sorpresa, ocurrió todo lo contrario, Wilder se ha mostrado enojado y ahora viajará a África, ocasión que aprovechará dizque para decidir el futuro de Breland como parte del equipo. O sea, si lo va a mandar al carajo, que es más lejos que la misma África, o no. Yo, en el lugar de Breland, renuncio no sin antes llamarlo; mal agradecido, bruto e idiota. Las cosas hay que llamarlas por su nombre! Como si esto no fuese suficiente, el entrenador «principal» y co-manejador de Wilder, Jay Deas, también ha arremetido contra el excampeón mundial y olímpico por la acción mencionada. Se alega que Wilder le ha dejado claro a su equipo que «nunca tiren la toalla cuando yo esté peleando». Además, se rumorea que cuando Breland comentó en la esquina que la pelea debía ser detenida, Deas le ordenó que no lo hiciera.

Hay ocasiones en las que el boxeador establece una relación de más confianza con el segundo o tercer hombre de su esquina, que con el entrenador principal. Eso fue lo primero que me vino a la mente cuando Breland lanzó la toalla. Al parecer, este no es el caso, al menos a partir de la madrugada del domingo.

Es importante aclarar, que aún sin ser Breland el principal hombre en la esquina, técnica y legalmente, podía pedir la detención del encuentro. De hecho, es por esa misma razón que el pedido de Breland fue aceptado por Kenny Bayless. La actuación de este referee trajo a mi mente una anécdota de Wilfredo Gómez en la que un hombre se le acercó antes de una pelea en Japón y le pidió $5 mil para asegurarse de que el referee estuviese de su lado. Dice Yamil Chade, ex mánager de Wilfredo, en su libro, Golpes Bajos, que al consultar con Don José Sulaimán, entonces presidente del CMB, éste le indicó que estuviese tranquilo porque el referee, Stanley Christodoulou, de África del Sur, era un árbitro «honorable», lo que en el argot mafioso del boxeo, implica que es un referee que trabaja o protege al campeón o al boxeador que esté bien parado con el organismo. No sé si las cosas han cambiado desde los tiempos de Don José hasta la era de Mauricio. Casualmente Wilder era campeón del CMB, al igual que Gómez, y es «asesorado» por una de las figuras más siniestras y enigmáticas del boxeo actual, el abogado de Washington D.C, Al Haymon. Chade no era precisamente una hermanita de la caridad.

Ojalá y Dios ilumine a Deontay, un tipo que siempre me ha caído bien y que su viaje al más viejo de los continentes le sirva para reflexionar sobre quién o quiénes son las personas que lo quieren y lo protegen y quién o quiénes son los que sólo lo ven como un maldito pedazo de carne y símbolo de billetes verdes. Sería repudiable que Wilder expulse a Breland en vez de hacer lo indecible por salirse de las redes de Jay Deas. Es más, si Wilder comete semejante locura, su próximo viaje debe ser a México para que se fume el hijo del sapo que se fumó Mike Tyson, que tanto bien le ha hecho a «Iron Mike». Yo estaría dispuesto a acompañar a Wilder y fumarme 10 sapos de esos a ver si puedo comprender algunas decisiones estúpidas que toman ciertos boxeadores. Tan mal agradecidos que son muchos de ellos!