Yo vengo comentando la carrera de Canelo casi desde su mero inicio. Para ser mas preciso desde su primer título Fedecentro en 2008. En la época conducía el programa A Los Golpes junto con Miguel Ángel Cebreros en ESPN Radio. A mi juicio Canelo fue una de esas apariciones rutilantes, llamado a hacer historia de la buena.

Hoy, más de diez años después, uno ve que ya hizo historia pero le falta ese condimento que solo lo da el verdadero sacrificio en el ring, el sufrimiento, el triunfo que se logra a base de esfuerzo verdadero, padeciendo en guerras cruentas y venciendo a los mejores para ser efectivamente el mejor.

Yo siento que el pudo ser ese personaje de leyenda, al menos parece tener los atributos boxísticos para medirse a lo mejor. Porque el boxeo es una forma civilizada de confrontar comportamientos violentos hasta saber cual es el mejor, el mas salvaje, el mas inteligente, el más técnico, el de mas poder en la pegada, en suma el que es mejor porque no pudo ser vencido por los otros mejores.

En estos once años lo vi subir de forma acelerada ganando un titulo regional detrás de otro hasta llegar al primer plano y allí, cuando todos esperábamos ese salto de calidad pura, la del campeón dispuesto a barrer con toda su generación, empieza ese punto de giro atroz que lo ha condenado hasta hoy al eterno descrédito, sin que nada alcance para encontrar unanimidad entre sus propios coterráneos.

A todos sus rivales, Canelo los venció y se adueño de su historia estadística, esa mismo historia que hasta hoy utilizaban como emblema, «le ha ganado solamente a campeones», se suele alegar. Y es verdad, técnicamente es verdad. Pasaron diez años casi y en ese lapso hubo de todo, en general y salvo honrosas excepciones, rivales con nombre que a la hora de pelear parecieron sufrir ataques de amnesia boxística y fueron una brisa apenas del viento habitual de sus estilos en el ring. Como Alfredo Angulo por ejemplo, Austin Trout o James Kirkland, o simplemente fueron rivales traídos de divisiones menores a los que Canelo superaba por muchas, pero muchas libras, como Josesito o Amir Khan, por ejemplo.

Pero la narrativa y el éxito comercial han opacado siempre al archivo, a lo que se suma la presencia de nuevas generaciones de fanáticos, con expectativas y hasta una forma de ver el boxeo diferente, quizás, con ojos de video juego impuesto por la agresiva promoción o el cambio que la tecnología ha traído a nuestras vidas. Eso ha contribuido a agigantar una figura que pese a todo, la mayoría de los fanáticos mexicanos se resiste a comprar. Hoy esa historia tuvo un nuevo punto de giro, un cambio brusco o mejor dicho, un dramático ‘DEJA VU’.

La confesión de Kovalev ha sido como un gigantesco abrelatas, una maquina de escavar que destapa las sospechas y las dudas, porque el boxeo no necesita certezas para que uno imagine lo peor, apenas una pista conduce las especulaciones hacia el pozo oscuro de su basurero interior. Basta como ejemplo recordar que las vendas cementadas que le encontraron a Antonio Margarito antes de enfrentar a Shane Mosley, condenaron toda su historia y sirvieron para suponer que no fue un caso aislado, mas bien, el único descubierto. O cuando el propio Mosley reveló que había utilizado Epo Genético en su pelea del 2003 contra De la Hoya, ello alcanzó para suponer que lo utilizó esa vez y lo utilizó siempre, en todas sus peleas.

La asombrosa confesión de Kovalev dice mucho, pero pero que eso, nos deja pensando, «QUE LE FALTO DECIR». Y eso desde ahora escribirá la historia de Canelo, no importa contra quien se enfrente, en cada próximo rival veremos a otro Kovalev y eso alcanza para comprender la dimensión de lo que ocurrió hoy. Con ese video grabado en ruso, en su teléfono y dentro de su automóvil, Kovalev le dio una puñalada a la historia y ahora hay que esperar para saber si lo que hizo es un beneficio o un perjuicio para todo este deporte.