Deontay Wilder y Luis Ortiz protagonizan este sábado la pelea más importante de la semana y seguramente una de las más aguardadas del 2019.  Estará en juego el cetro CMB de la máxima división, en poder de Wilder y será la revancha de la pelea celebrada el 3 de marzo de 2018 en el Barclays Center de Brooklyn, NY, y que terminó con una victoria del estadounidense por TKO en el décimo episodio.

En el combate anterior el cubano nos sorprendió con su actuación, superando todas las expectativas, al punto que estuvo a pocos segundos de liquidar la batalla al final del séptimo asalto. Ortiz, que había sido derribado en el quinto round. Se recuperó para el sexto y dominó en el siguiente episodio, castigando duramente al campeón hasta obligarlo al amarre desesperado. Wilder se fue a su esquina literalmente noqueado y una “providencial” subida del medico al cuadrilátero para examinarlo al comienzo del octavo asalto, le dio los segundos necesarios para recuperarse.

Sobre esa pelea, a mi columna de análisis para ESPN del 4 de marzo, elegí encabezarla con un título que resumió mi estado de ánimo editorial: “Ayudan a Deontay Wilder y Luis Ortiz es noqueado sin merecerlo”

En su parte inicial, la nota decía:

“La batalla que disputaron el campeón reinante Deontay Wilder y Luis Ortiz por el título pesado del CMB fue más allá de las previsiones, casi rompe todos los pronósticos y cristalizó una injusta victoria del estadounidense. Tan dramática e inmerecida que, aunque parezca un contrasentido, fue inevitable colocar ese título, fue injusto el KO y fue injusta la ayuda que le dieron al campeón entre el séptimo y el octavo asalto con esa teatralizada presencia del médico en el ring. El combate nos regaló emoción a raudales y nos demostró una vez más que no hay nada más incierto y endeble que una especulación previa a una pelea de boxeo. No siempre el noqueador implacable es lo que transmiten los argumentos irrefutables ni nunca la victima propicia es tan propicia como todos la imaginamos.”

LA REVANCHA, UNA PELEA DIFERENTE

Esta segunda pelea promete ser otra guerra, pero difícilmente llegue al grado de emotividad de la primera. Los dos rivales ya se conocen, cada uno tuvo oportunidad de sufrir con las virtudes del otro y cada uno asimiló las carencias que le afectaron en el desempeño. A Wilder que casi le provoca la primera derrota de su carrera y a Ortiz que le causaron, precisamente, la pérdida de su condición de invicto.

Wilder, no arriesgará como la primera vez y esa tendencia a involucrarse con momentos de boxeo técnico que ensayó ante Tyson Fury, lo repetirá ante Ortiz. Lo veremos insistir con su golpeo de poder desde la distancia (su zona de confort) y seguramente habrá trabajado maniobras que le facilítenla efectividad en las combinaciones sorpresivas o en el mero contragolpe. También Wilder habrá trabajado mejor la adaptación a la postura zurda de su rival, algo que también pudo influir en sus errores.



Ortiz llega con una mejora radical en su condición atlética, se ve más rápido y más liviano, algo que necesariamente ayudará mucho a su cardio, el factor esencial de su derrota en la pelea anterior. O sea, hizo el gasto temprano y se cansó luego facilitando el trabajo ofensivo de Wilder.

No sabemos si su plan será apurar la pelea temprano, dada esa reconocida incapacidad de Wilder para ajustar temprano y mediante su velocidad de combinaciones, tal vez, buscará lastimarlo temprano en la pelea adentro.

Hay que ver si pese a su impecable estado físico, la edad (40) no le pasa factura y se desgasta como en la primera pelea. Son dudas de las cuales saldrá el equilibrio en este combate que promete ser inolvidable, después de la batalla espectacular que estos dos nos regalaron el 3 de marzo del 2018.