A Julio César Chávez Jr., los problemas lo han perseguido tanto como el deseo de los fanáticos por verlo tomar en serio y con disciplina tanto su carrera deportiva como su vida fuera del ring. En una palabra, que se deje de tonterías y se ocupe de aprovechar lo que la vida le regaló al nacer. Un apellido glorioso en el boxeo y una herencia mediática invaluable.

Chávez Jr. ha desencantado a muchos adeptos fieles al eterno slogan de…”la historia continúa”. Y pudo continuar. Chávez Jr. tiene un boxeo agresivo repleto de defectos técnicos, pero al que le sobran atributos que el mexicano venera. No duda en fajarse contra el que sea, no elude rivales, aguanta metralla, suelta el gancho con esa escuela mexicana que solo nace en los palenques donde el primer compromiso es con la sobrevivencia en el ring y, además, ha sido un jovenzuelo díscolo, desordenado y poco amigo de la disciplina en el gimnasio. Una ensalada de controversias de esas que transforman lo que sea en un jugoso activo para los medios.

 

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Si a ello agregamos los dramas buenos y malos de su progenitor, Chávez Jr. primero fue un candidato permanente a figurar en las primeras planas y luego, un convidado permanente al chacoteo en las redes sociales y en todos los rincones de la web donde el boxeo mexicano fuera razón de debate, elogio o controversia. Eso siempre réditos.

Cuando se trata de los Chávez puede haber de todo, admiración, crítica, elogio, indignación, pero jamás indiferencia. Por ello fueron, son y seguirán siendo una segura fuente de ingresos. Su popularidad no es un invento artificial, son un producto natural de la idiosincrasia deportiva del mexicano. El fanático, el que ama y odia por igual.

Como lo comento en uno de mis últimos videos, para colocarse en el mismo escenario que hoy ocupa Canelo Álvarez, Julio Cesar Chávez Jr, deberá cumplir apenas con tres pasos: superar el reclamo de la VADA para que cumpla con las reglas antidoping, derrotar a Daniel Jacobs el 20 de diciembre y luego caer en la realidad de su compromiso con el boxeo, o sea, vencerse a sí mismo.

Si lo logra, tendrá por delante una larga lista de posibles rivales, esos mismos rivales que Canelo va descartando uno tras otro mientras busca con ojo quirúrgico aquel oponente que no le cause riesgos. ‘El Junior” se puede hacer dueño de todas las expectativas, la basta con lograr un título mundial, algo que hoy abunda como la yerba mala en el boxeo profesional.

Esa es la perspectiva desde el análisis, sin embargo, la realidad reciente nos dice otra cosa: la meta de Chávez Jr. no solo es disputarle “la torta de la popularidad” a Canelo, él efectivamente quiere la revancha, quiere enfrentarlo en el 2020.

Según unas declaraciones recogidas por MARCA, Chávez tiene claro que vencer a Daniel Jacobs le brindará esa oportunidad de enfrentar a Canelo sin otorgar ventajas en el peso, aunque antes esta Jacobs. «Es una buena pelea, es una pelea grande, Daniel Jacobs es de los mejores peleadores del mundo, mucha gente lo vio ganar contra Saúl Álvarez, mucha gente lo vio ganar contra Gennady Golovkin, así que es una oportunidad que no se podía desaprovechar», le dijo a Marca. «A mí me encantaría salir con la victoria en esta pelea y enfrentarlo a Canelo en mi peso, en las 178 o 175 libras».

Esta muy claro, en ese aspecto, que la posibilidad de verlos enfrentarse no hay que descartarla. Por más que solo mencionarlo levanta una verdadera polvareda en las redes sociales, en la esfera en la que se manejan ambos, la llamada “Liga Comercial del Boxeo”, mandan los intereses del negocio, antes que los merecimientos deportivos y en ese aspecto, Chávez vs. Canelo, nunca deja de ser un América vs. Chivas. Que conste.