En el 2017 me tocó seguir de cerca el aterrizaje de Jaime Arboleda en Golden Boy Promotions. Se vio beneficiado entonces por el arreglo que consiguió en su momento el campeón mundial Jezreel Corrales con la promotora de Oscar de la Hoya. Arboleda estaba invicto, posicionado entre los diez mejores clasificados de su división y consagrado como monarca súper pluma de la AMB Fedelatin. Precisamente, bajo la cartelera de Jezreel Corrales vs. Robinson Castellanos, se produjo su debut en USA ante el filipino Recky Dulay que lo noqueó en el tercer asalto.

La derrota fue muy dura y frenó su acelerado crecimiento hacia los primeros planos.
Le llevo dos años regresar a Estados Unidos por una nueva oportunidad. Fue el pasado 24 de agosto cuando noqueó en menos de tres minutos al mexicano Víctor Betancourt (que llego a esa pelea con un récord de 26 -2, 13 KOs)

En 2017 era un prometedor prospecto invicto de 22 años que por primera vez peleaba fuera de su país. Bajo esas circunstancias todo camino es complicado e incierto para cualquier púgil. La presión, los nervios o un defectuoso trabajo previo en lo mental pueden sacrificar o en el mejor de los casos retrasar una carrera prometedora. Tal vez, la aparición de un contrato con una promotora de la importancia de GBP impidió evaluar los riesgos. Es algo común en el boxeo que ocurran este tipo de situaciones.

No obstante, en el caso de Arboleda, la primera impresión es que con aquella derrota parece que se dio la sentencia popular, “lo que sucede, conviene”. A veces, una derrota a tiempo evita un fracaso a destiempo. Perder el invicto, ser noqueado en su primera salida del país y ante el gran público, es una tragedia que prueba la resistencia emocional de cualquier peleador. Cuando la misma se supera, el boxeador se siente más liviano, sin la necesidad de proteger la pesada carga de un invicto sobre sus espaldas y al mismo tiempo más fortalecido por su propia entereza.

Arboleda retrasó su carrera hacia el lugar que debía estar y le otorgó los tiempos que la misma necesitaba para que madurara su intelecto en el ring y se fortaleciera su boxeo en todos los sentidos. Tres peleas ganadas en casa, una restante en Buenos Aires, todas por la vía rápida y un cambio radical en su preparación, han sido el revulsivo que lo puso en un plano superior en este 2019.

La pelea del 24 de agosto en el Bert Ogden Arena de Edinburg, Texas, donde noqueó al mexicano Betancourt es la demostración de que el plan de recuperación de Arboleda ha sido cumplido exitosamente y ahora deberá ser trabajada su carrera bajo los mismos códigos: despacio, pero seguro.

De aquella derrota por KO ante el filipino Recky Dulay hasta la reciente victoria sobre Betancourt, se notó una evolución en el boxeo de Arboleda, sobre todo en madurez, disciplina táctica y contundencia.
No solo por la forma en que logró la victoria, también cuenta la importancia del rival enfrentado y la forma en que se movió por el cuadrilátero.

Ese día, poco más de dos minutos mostró un excelente uso del jab, mucha capacidad técnica en sus desplazamientos, un compacto bloqueo defensivo, así como un acertado trabajo cuando eligió pararse, pasar golpes y golpear de contragolpe o cuando dio el paso adelante para lastimar en corto. Precisamente de esa maniobra nació el KO, debido a un durísimo gancho a la zona media del mexicano.

Lo visto en Edinburg no fue casualidad y está claro que para coronar esta recuperación de Arboleda hay un paso acertado: su mudanza a la ciudad de Miami donde se colocó bajo la dirección del entrenador colombiano Germán Caicedo y de un equipo que incluye todo lo necesario para un futuro campeón: nutricionista, psicólogo y preparador físico.

A sus 24 años, Jaime Arboleda puede perfectamente dedicarle los próximos dos años a madurar su boxeo, escalón sobre escalón, incorporando herramientas, mejorando su velocidad, ajustando sus atributos defensivos y entendiendo el boxeo desde una nueva perspectiva. La experiencia de Caicedo será fundamental en esa construcción, pero también enfrentar el desafío de crecer dentro de un medio 100% profesional tomará lo mejor de sus virtudes naturales.

Sin duda, hay esperanzas de que muy pronto Panamá tenga un nuevo campeón mundial.