Al 2019 le restan menos de dos meses de vida, pero ya sabemos que en la historia quedará signado por las peleas entre Andy Ruiz Jr. y Anthony Joshua. La deslumbrante victoria de uno o la estrepitosa derrota del otro. El orden de los factores no altera el producto. Pero a esta obra le falta un segundo acto y será esa escena que producirá el verdadero desenlace ¿Mantendrá el mexicano sus tres cinturones de Campeón Mundial? ¿Recuperará el británico lo que parecía que jamás iba a perder?

El mundo del boxeo, por estos días, se entretiene especulando sobra una cosa o la otra.
Y aquí lo que está faltando es ver estas históricas peleas desde otro ángulo: el significado humano de la victoria de uno y la derrota del otro. Es un título que no existe, que nadie pensará en su valor simbólico y menos, seguramente, entenderá su influencia. Me refiero al límite exacto donde la victoria de Ruiz empujó a los malditos estereotipos del boxeo. Si Ruiz gana la revancha, esos estereotipos recibirán el golpe de gracia. Si pierde, revivirán, posiblemente, con más fuerza.

En ese detalle se funda la importancia de esa revancha. Una victoria que beneficiará a los descartados en la evaluación visual, a los que no entran en ninguna talla fit o jamás se inscribirán para el papel de super héroes. Es la revancha de los comunes, los que abundamos y tenemos una historia derrotada sin pelea por los estereotipos. Andy Ruiz necesita ganar, para que también todos ganen sin pelear. Aunque, quizás, ni siquiera Ruiz se haya percatado de ese detalle.