El boxeo comercial no es una utopía, existe y debería ser llamado como algo parecido a ‘Las Grandes Ligas del humo millonario”. Es un nombre inventado, pero definitivamente de alguna manera hay que simbolizar a este fenómeno de pocos actores y que se inspiró en el Mas Grande: Muhammad Ali.

O sea, Ali lo inventó, pero no lo aprovechó. Solo fue su inspiración ya que el ‘Mas Grande’ enfrentó siempre a lo mejor, más que eso, se le fue la mano enfrentando a rivales que lo lastimaron y provocaron el deterioro de su salud.

El tema de Ali no fue a quien enfrentó, el tema fue como vendía su nombre, su figura y sus peleas. Un verdadero show que empezaba en el pesaje. Ali fue el que estableció la ceremonia como un espectáculo adicional, luego insultaba a sus rivales, se mofaba de los mismos, invento frases de autoelogio y en definitiva su estilo ‘payacesco’ y fanfarrón generaba dinero, ganancias y convocaba como hoy a gente que no entendía nada de boxeo. Era el héroe, aunque era maltratado sobre el ring.

Floyd Mayweather se inspiró en lo mismo, pero lo puso en otro nivel. Floyd oficializó las reglas del circo, eligió jueces, eligió rivales, decidió ganancias, estableció reglas para sus peleas, se adueñó de las fiestas mexicanas y al igual que Ali, Floyd también convocaba a una masa ocasional de adeptos al boxeo”. Adeptos que, sin un conocimiento real ni una memoria selectiva sobre este deporte, siempre consideraron que lo que veían era lo que realmente debía verse.

Con ello se transformó en una marca mediática por encima de un campeón deportivo, ganando millones de dólares y convirtiendo su vida fuera del ring en un reality donde siguió facturando a partir de sus actos controversiales.

Mayweather trajo al negocio la figura preponderante del campeón supremo según la repercusión del show y nunca la de su destreza boxística. Para ello seleccionó rivales (Maidana, Guerrero, Ortiz, etc), se apropió para sus eventos de fechas ajenas a su propio evento (fechas patrias mexicanas), hasta determinó el nombre del referí para sus peleas (Kenny Bayless, por ejemplo), impuso exigencias inalcanzables a sus rivales para no enfrentarlos o enfrentarlos cuando los pudiera vencer (Pacquiao) o hasta se dio el lujo de determinar el tipo de guantes que debían colocarse sus oponentes (Maidana).

La mala noticia, sin embargo, fue que, a la larga, ese éxito descomunal daño a este deporte, porque Floyd lucró transformándolo en un exagerado juego promocional, donde se aprovechó de la inocencia de un público convencido de que el verdadero boxeo profesional, el boxeo espectáculo, era eso y no otra cosa.

Canelo Álvarez es su heredero y la directa consecuencia de la profunda herida que el método Floyd le causó al boxeo. Basta recorrer la carrera del mexicano para comprender que no solo siguió los pasos del exitoso guion de Floyd, hasta lo perfecciono cruzando limites que ni el propio Mayweather se atrevió a cruzar, como renunciar a un cinturón para no enfrentar a un rival alegando no tener tiempo para prepararse y luego desafiando a un campeón dos pesos encima sin darle tiempo a recuperarse.

A esa incongruencia que denota un estilo de procedimiento se suma la selectiva elección de rivales a los que siempre enfrento con ventajas, ya sea con el exceso de peso logrado en la rehidratación, ya sea imponiéndole clausulas para limitarlos en el tonelaje, ya sea enfrentando a ex campeones entrados en años y listos para el retiro, o campeones de pesos menores a los que obligo a subir hasta su peso, nunca el bajar para emparejar las peleas como fue el caso, por ejemplo, de Amir Khan o Josesito López entre otros.

Al igual que Floyd, Canelo elige sus rivales y decide sus ganancias, lo que genera una influencia nociva sobre el desempeño del rival, ¿alguien acaso osará contradecir a quien le paga el sueldo?

La conclusión es que el éxito de Canelo en lo comercial establece un profundo y lastimoso fracaso desde lo deportivo, que por sobre todas las cosas, divide a este deporte entre competencia y negocio deportivo. El primero seguido y comprendido por adeptos reales y el segundo como parte del imperio de la venta de una marca, como lo fue Floyd y ahora lo es Canelo: actores de un circo bien remunerado y que se consume como las papitas fritas, con ansia y haciendo ruido mientras duran, pero que jamás conseguirán matar el hambre.

El boxeo es otra cosa y necesita otra cosa, de eso se trata.

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