Shakur Stevenson es campeón mundial de las 126 libras. Eso decía el guion de su carrera cuando despuntó como una de las grandes promesas del boxeo mundial bajo control y dirección de TopRank. Su camino lo llevaba directo hacia un choque muy reclamado contra Oscar Valdez, pero este subió a 130 libras y dejó el cetro pluma OMB vacante a disposición de Shakur.

Por una de esas ironías del destino, en la posición inmediata del ranking aparecía Joet González, el hermano de la novia de Shakur. Y ocurrió lo que debía ocurrir, nada. Absolutamente nada. De hecho, mi comentario en Facebook es el que reproduzco aquí porque encarna la sensación que en general dejó esa pelea entre los fanáticos.

“Si no supiera lo del parentesco, hubiera dicho que esta pelea de Shakur y Joet, es un típico combate entre cuñados. Uno no consigue soltar un solo gancho, persigue sin presionar, lanza desde la distancia como si no quisiera acertar y cuando llega a la distancia correcta da un paso adelante para perder el ángulo de tiro. O sea, el juego parece ser no conectar. El otro (Stevenson) esquiva, elude, cuerpea y cada tanto lanza rectas a la zona media pero suavecitos. Contragolpes bien Gracias, ganchos: ninguno y cada tanto una caricia con la derecha sobre el guante de Joet.”

¿Qué esperar ahora? Imposible saberlo, habrá que esperar por el manejo que decida TopRank en un campo donde son los mas astutos del mercado. La ruta de la carrera que le elegirán a Shakur lo mantendrá por mucho tiempo campeón. El jovencito tiene madera para el show, un atractivo lenguaje gestual y es del tipo de púgil que cultiva el “pegar y que no te peguen”. Eso nos limitará en el tipo de oposición que le consigan, hay que esperar peleas aburridas y si se produce ese accidente promocional que lo haga probarse ante un rival de primer nivel, hay que imaginarlo derrotado. Su boxeo, al menos por ahora, no parece estar a la altura de las Grandes Ligas.